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Comunicado leido en la concentración de Los Lunes Sin Sol el día 29/09/2008

Otro lunes más, otro lunes sin sol. Nos reunimos en esta plaza para manifestar nuestra repulsa hacia los asesinatos de otras cuatro mujeres.

En lo que llevamos de año, ya son cincuenta y seis las mujeres que han encontrado la muerte a manos de sus parejas o exparejas, y cada 18 segundos una mujer es maltratada en el mundo.

La violencia de género continua siendo hoy, después de casi dos siglos de historia del movimiento feminista, uno de los principales problemas que tiene como resultado el daño o sufrimiento físico, sexual, o psicológico de las mujeres tanto en la vida publica como privada.

Pero, conviene recordar que la violencia que se ejerce contra las mujeres puede revestir muchas y muy diversas manifestaciones.

La prostitución constituye una de las formas más arraigadas en que se manifiesta, ejerce y perpetúa la violencia de género, ya que refuerza la opresión de las mujeres por su complicidad con el sistema de dominación y se ceba con los sectores femeninos donde las opciones económicas ofrecidas a las mujeres son inadecuadas, pobres o francamente malas. Para corroborarlo las estadísticas demuestran que el 90% de las personas que ejercen la prostitución son mujeres y el 87% de ellas inmigrantes.

Si las mujeres sufren frecuentemente violencias en la prostitución no es únicamente porque las leyes no las protejan o porque sus condiciones de trabajo no son las que debieran sino porque el sistema patriarcal ha alimentado una cultura de consumo sexual, en la que el uso de la mujer es posible porque existe el poder de los hombres como clase dominante, reduciendo a las mujeres a una mercancía susceptible de ser comprada, vendida, apropiada, intercambiada o adquirida. En todo el mundo 4.000.000 millones de mujeres y niñas están siendo víctimas de la trata y el trafico con fines de explotación sexual.
En consecuencia la violencia y la degradación son condiciones inherentes a la prostitución.

Nuestra postura abolicionista se asienta en el supuesto de que la prostitución es la esclavitud más antigua del mundo, además de un soporte de control patriarcal y de sujeción sexual de las mujeres, con un efecto negativo no solamente sobre quienes se prostituyen sino sobre todo el género femenino, ya que la prostitución confirma y consolida las definiciones patriarcales de las mujeres cuya función seria la de estar al servicio sexual de los hombres.

Por otra parte, la cuestión del consentimiento, que afirma que el 5% de las mujeres se prostituyen voluntariamente, reposa sobre una visión liberal occidental de los derechos humanos que evalúa la voluntad y las elecciones individuales por encima de todos los otros derechos humanos y de toda noción de bien común, y por ello es necesario poner limites a la libertad individual.

Admitir simplemente el hecho de que las mujeres no tienen mejor opción profesional, es renunciar al combate político para incrementar el poder de las mujeres y tolerar las actividades florecientes y extremadamente lucrativas de la industria del sexo de las cuales las mujeres son la materia prima. La industria del sexo mueve 12.000 millones de dólares anualmente en el mundo, es el segundo negocio mas importante superando al trafico de armas y al de drogas.

Por ello, la abolición es necesaria ya que la regulación pasaría a dar un baño de respetabilidad a los proxenetas y sus intereses económicos.

Las redes de trata de blancas se convertirían en corporaciones empresariales. Los clientes podrían sentirse cómodos realizando un ejercicio de poder y sumisión sobre otra persona, situación preocupante ésta, teniendo en cuenta que el 70% de los hombres admiten haber demandado la prostitución en algún momento. Supondría la aceptación de un modelo de relaciones asimétricas entre hombres y mujeres.

Por todo lo expuesto, tenemos el deber de imaginar un mundo sin prostitución, tal como hemos imaginado uno sin esclavitud, sin apartheid, sin violencia de genero, sin infanticidio ni mutilación de órganos genitales femeninos.

Unamos nuestras voces para exigir un mundo sin violencia, un mundo sin desigualdad.